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Genero

Entendemos por "género" la construcción cultural que sobre la base biológica del sexo, determina normativamente lo masculino y lo femenino en la sociedad y las identidades subjetivas y colectivas que se construyen en torno a ello. Esto, a su vez, condiciona la valoración social asimétrica para varones y mujeres y las relaciones de poder que entre ellos se establecen.
Desde esta perspectiva, la problemática de género no hace referencia a problemas que afectan exclusivamente a las mujeres, sino que, tratándose de una categoría eminentemente relacional, el núcleo de la cuestión se centra en el tipo de relaciones y prácticas sociales que se van estructurando entre hombres y mujeres. Dichas prácticas se asientan en -y ponen de manifiesto- las imágenes, representaciones y valoraciones socialmente construidas sobre lo masculino y lo femenino.
La sistemática situación de subordinación y exclusión de ámbitos y aspectos de la vida social que afecta a las mujeres es resultado de tales prácticas sociales. En tal sentido, el enfoque de género implica abordar las desigualdades entre varones y mujeres como un particular sistema de poder que tiene por resultado, la negación de las condiciones de autonomía plena de las mujeres.
De allí que, desde la perspectiva que sostenemos, la noción de autonomía adquiere una relevancia central para la comprensión de la problemática de género, el abordaje y planificación de acciones que tiendan a su superación. En efecto, el concepto de autonomía hace referencia al poder real de las personas de decidir sus políticas de vida, a la capacidad de control sobre sus trayectorias de vida, al derecho a determinar sus proyectos personales de vida y los horizontes de su realización y a asumir las opciones que tiendan a la realización del mismo.
La negación de las condiciones de autonomía plena para las mujeres, emerge como consecuencia de la exclusión de las mismas de ámbitos decisivos para la plena realización personal y social. Ello, en nuestras sociedades se materializa a través de tres vías principales:

a.- La división sexual y social del trabajo, que tiende a asignar exclusivamente a las mujeres las tareas y responsabilidades de los roles reproductivos, y el consiguiente confinamiento y reclusión de las mujeres en el ámbito doméstico.

b.- El acceso desigual de hombres y mujeres a los recursos productivos materiales y simbólicos, el desigual control sobre los medios de producción y capacidad decisoria sobre los procesos de producción materiales y simbólicos y consecuentemente, la distribución desigual de los beneficios y usufructo de los bienes sociales.

c.- Las fuertes restricciones que afectan a las mujeres para la participación efectiva en el espacio público y la exclusión de las mismas en las instancias y procesos de toma de decisiones políticas y de ejercicio del poder político.
En consecuencia, el abordaje de la problemática de género implica diseñar programas de acción que tiendan a promover cambios en estas dimensiones decisivas de las prácticas sociales, en las que se juegan las posibilidades de construir un horizonte más equitativo en las relaciones entre mujeres y varones y condiciones igualitarias de desarrollo personal autonómico para ambos.

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