¿Por qué Bienaventurados los Pobres…?

Nos ayudan a explicarlo las palabras del Teólogo Oscar Campana [i] : “…¡Con cuánto «romanticismo» son leídas en ocasiones las bienaventuranzas, dejando de percibir, así, todo el escándalo y alteración de los valores que en ellas se encuentran! Jesús proclama dichosos y felices a los que la sociedad de su época –¡de toda época!– considera desdichados e infelices: los pobres, los hambrientos y sedientos, los que lloran, los perseguidos y calumniados, los afligidos. Los que no cuentan. Los que no suman ni restan más que para las estadísticas. De ellos es el reino de Dios. Ese es el motivo de la dicha y la felicidad. Por eso el «evangelio» es «novedad». La llegada del reino desconcierta a sus propios destinatarios. Jesús confirma una vez más que Dios está donde menos se los espera, sobre todo donde menos lo esperan los establishment religioso-cultuales que en la historia han pretendido convertirse en las mediaciones exclusivas con el único y verdadero Dios.

Las bienaventuranzas muestran el punto de vista de Dios. Sólo desde ahí puede verse que el reino está llegando. Dios no mira a los seres humanos desde el pináculo del Templo ni desde la preceptiva legal. Dios los mira desde el margen e invita a los que esperan en él a buscar en otra parte.
Las bienaventuranzas no admiten fáciles moralizaciones; no constituyen, tampoco, una «ética de la debilidad» como acusaba Nietzsche.
La felicidad de los bienaventurados no radica en la pobreza, el hambre, el dolor o la persecución: radica en que Dios está con los que padecen todo ello. Lo que quiere decir, que su suerte no es tal como castigo por sus pecados ni como fatal predestinación divina, sino como consecuencia de causas sociohistóricas que pueden ser revertidas porque dependen de la acción de otros seres humanos. Dios se corre, así, del lugar de garante del orden vigente.
Siempre me he preguntado por qué la pobreza constituye el princeps analogatum del dolor humano, el símbolo supremo y privilegiado de las más variadas formas del sufrimiento. Y es que si hay un padecimiento que depende pura y exclusivamente de la acción del ser humano y de sus estructuras, que no puede ser atribuido a la finitud ni al fatalismo en ninguna de sus formas, ése es la pobreza. Y esto, mucho más en un mundo que ha llegado a niveles de desarrollo que podrían desterrarla en absoluto. La pobreza no minimiza ni desmerece ninguna otra manifestación del dolor, pero las hace a todas más gravosas. Lo que hace de los pobres depositarios del reino es su misma situación de pobreza, y no otra cosa. Frente al abandono y la injusticia cometida por los seres humanos, Dios se hace presente y cercano con su reino.”

Para nosotr@s son las “víctimas” los destinatarios de las Bienaventuranzas de Dios; los empobrecidos y perseguidos son las víctimas a las que Dios hace justicia. De la misma manera Dios hace justicia a todos los que sufren las consecuencias de los pecados mortales -porque producen muerte- de los verdugos. Cuando unos cristianos intentan recorrer el camino de las Bienaventuranzas están, en algún modo, anticipando la justicia de Dios; son signos de esta justicia. Y, al intentar vivir, desde su solidaridad con los pobres y perseguidos, el espíritu de las Bienaventuranzas, están siendo plenamente justificados.
Las Bienaventuranzas se nos presentan como el CAMINO de Cristo y de los cristianos. Un camino que aparece empedrado por los fracasos de las guerras, las injusticias, la destrucción del hábitat del mundo y de sus moradores. Pero un camino que apunta a la VIDA, no sólo prometida sino ya realizada en Jesús resucitado. "En la resurrección aparece el poder de Dios, no en directo, en forma universal, ni su finalidad es mostrar simplemente su omnipotencia. Dios devuelve a la vida no simplemente a un cadáver, sino a un crucificado; hace justicia a una víctima. Lo que la resurrección tiene de buena noticia no es, por lo tanto, el anuncio de una vida más allá de la muerte sino la esperanza de las víctimas: que el verdugo no triunfará sobre ellas" (J. SOBRINO, Concilium [283] 1999, 860).

Este es nuestro camino…




[i] Teólogo laico. Director de la edición argentina de la revista Vida Pastoral. Titular de la cátedra de cristología del Instituto Superior de Estudios Teólogicos (ISET) del Centro de Estudios Salesiano de Buenos Aires.

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